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Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.

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Más crecer y menos envejecer

 

 

Puede que me equivoque, -no sería nada extraño-… pero; después de leer el cuento que os dejo abajo, pensé que todos alguna vez hemos actuado o intentado, al menos, parecernos a una piedra, ¡que no? bueno, serán solo cosas mías :/…

procurar no sentir, aunque sea sin darnos ni cuenta.

Creer, que si enmascaro  mi apariencia de cierta dureza, será más difícil que alguien se atreva a “atacarme"

no sé... pensaba en  ese  alejarnos de nuestra inocencia y dulzura, de cualquier brote romántico o infantil; sí, porque, llegamos a pensar que así estaremos más seguros. Y es que tenemos temores. O  porque ya, “a cierta edad, hay cosas que no quedan bien”… a cierta edad, hay que tomarse la vida en serio, nos dicen, ... muy en serio, no sea que nos tomen por el pito del sereno, o peor, que nos tomen por seres inmaduros y payasetes.

Menos mal, que  también sucede, a veces, que algo hace saltar nuestra chispa y volvemos o nos acercamos cuanto podemos, a nuestro ser dejando que las chispas salgan como  fuegos artificiales en  fiestas…

... seguirá existiendo el dolor, sí, pero lo podremos acoger  con un amor tan genuino y comprensivo,

que podremos dedicarnos a seguir creciendo y, no tanto, a seguir envejeciendo...

es posible, pienso.

¿Me equivoco?

Gracias... y felices fiestas ;)

Flora

 

 

 

 

 

 

LA PIEDRA Y LA ESPUMA DE MAR

 

 (Un CUENTO de AnA Barrios Camponovo)

 

Como casi todas las personas que se hicieron adultas y maduras, un día renegué de la inocencia. Me avergoncé. La enterré, y olvidé dónde. De tan seria y adulta, las comisuras de mis labios cayeron presas de la gravedad. Me volví como una piedra, y como piedra que era, una tarde me tiraron al mar. Casi no me percaté de que mi cuerpo se hundía sin remedio. Se congeló el tiempo…

¿Cuántos siglos, cuántas vidas, cuántos instante eternos estuve inmersa en el mar como una piedra? Tantos trastos van a parar al mar… Y yo que me convertí en piedra por propia elección, allí estaba… más seria que un empleado de casa funeraria, más dura que la vía de un tren, y todo porque la vida es dura y la inocencia es pa’ los niños pa’ los tontos

Pero un día, sentí que el mar me movía, y sin darme cuenta y sin dejar de ser piedra, me descubrí contemplando esa luz tenue que, allá arriba, lejos, como un ensueño, acariciaba con sus matices la superficie. Repentinamente, vi pasar un pez y me asombré… Fue como si alguien hubiese descorchado la botella lanzada al mar por un naufrago. Sentí mi cuerpo desbordado de vida y comencé a mirar mi entorno…

Si no fuera piedra –me dije– juraría que se me han erizao’ ¡todos los pelos! Me encontraba rodeada de piedras que no se movían. Mientras yo rodaba de aquí hacia allí, las otras ni un gesto hacían, me recordaron a mí… Si no fuera porque estaba en el fondo del mar y era una piedra, me hubiese gustado llorar… En vez de eso se me ocurrió comenzar a agradecer. Di gracias al pez que ya no estaba. Di gracias al lejano reflejo. Di gracias a las algas que se dejaban acariciar por las corrientes. Noté que me estaba emocionando aún siendo piedra. Y de pronto comenzó el dolor. Algo punzante se clavaba en mi carne de piedra. Cerré los ojos y sentí mi alma dolorida clamar desde algún sitio. Perdón, susurraron mis labios,  perdón por haberte convertido en piedra… El mar con su movimiento continuo me zarandeaba de tal manera, que no tuve ni tiempo de echarme a atrás… De mi cuerpo comenzó a brotar en torbellinos la inocencia y de su mano, recién nacida, vino la primera sonrisa…

¡Que no tengo ganas!, decía la piedra que aún vivía en mí… ¡Que no me da la gana!, gritaba desde lo profundo…

Pero el mar me movía como una madre o un padre que juguetea con su pequeña niña o su pequeño niño sobre la cama… El mar me sacaba la sonrisa y me regalaba el asombro de ver cómo giraba todo… Girándome y moviendo mi cuerpo de piedra, las olas permitieron que brotaran mis sentires. Girándome y moviéndome, mis sentires y emociones redujeron la piedra hasta hacerla desaparecer. Las corrientes me balancearon hasta hacerme perder la consciencia de piedra y, cuando desperté, vi convertido todo mi ser en espuma de mar. Era espuma de mar movida por el viento… En la orilla reflejaba el cielo con sus nubes. Por las noches titilaba con las estrellas.

Un día, en medio del gozo de ser cumbre de ola, o estertor de espuma estrechándose a la arena en la orilla, me vi mujer de espuma… Mi corazón marcaba el ritmo de las olas de un mar en calma. En mi frente se desperezaba una estrella de mar. Mis cabellos eran algas que ondeaban con la brisa… ¡Y mis ojos!, ¡ay mis ojos!… eran manantiales de agua de mar, por los que se deslizaban  un grupo de delfines juguetones… Mis ojos habían recuperado la inocencia de ser agradecidos, de mirar sin juzgar, de ver sin esperar, de crear a partir de la nada.

Mis ojos de humor de mar me permitieron asombrarme cuando vi a ese hombre de espuma de mar que se acercaba de forma natural y, sonriendo, acompasaba sus pasos a los míos.

 

 

https://youtu.be/BoK3i1Be11Q

 

 

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Sí… en mi caso el miedo siempre me ha maniatado y seguramente me he “perdido” experiencias que sin duda hubiesen enriquecido mi vida. <br /> Quizás debido a ver tan cercana a la muerte, haya también perdido parte de ese miedo a la Vida y de paso, haya recuperado parte de mi ingenuidad, de mi fantasía… porque al fin y al cabo es la misma fantasía, la del defendernos del sentir como la del querer vivir de nuevo el tierno amor de un niño.<br /> Besos...
Responder
F
Es grande, muy grande, no hay duda. Tanto que puede despertar al amor si duerme... por eso hay tantos seres sacrificándose para hacernos salir del adormecimiento en que tantas veces caemos.<br /> <br /> Ahora pensaba en mi madre (ya sabes que está mal) ella, siempre me decía que quería morir sin sufrir y sin hacer sufrir a otros... "como la abuela" decía. Su madre un día se durmió y no despertó. Sin embargo, fíjate lo que lleva "mal" y cada dos por tres con algo que la lleva al hospital. Acaba ahora de salir de una de esas estancias... me decía que no quería volver... "ya ni voy más a ese sitio", dice. Y, menos mal que no se da mucha cuenta... En fin, solo puedo estar agradecida y bendecirla mil veces por su entrega de ayer y de hoy, para llamar o despertar al amor... porque la vida es bella y venimos a vivirla, pero también a entregarnos en favor de otros y a veces con un papel muy duro.<br /> <br /> A todos esos seres que despiertan lo mejor de nosotros ( y de qué manera) cuánto les debemos... cuanto.
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A veces pienso que el sufrimiento es grande, pero nunca tan grande como el amor.
F
Al fin y al cabo, esa es su función, frenarnos. Y todos lo llevamos incluido en el vehículo antes de emprender esta aventura. Luego, a unos se le activará en unas ocasiones y a otros en otras; pero nadie deja de disfrutarlo (osea, de frenarse o maniatarse) Y, también como dices, las experiencias de la vida, nos ponen en situación de ir ya más tranquilos o templados. (sobre todo en casos, digamos, extremos, como puede ser el tuyo)<br /> <br /> Como hace tiempo que te conozco, te diría que:<br /> <br /> Te he visto hacer camino, coronar montañas y disfrutar. Bajar, hacer rutas desérticas... llorar. Volver a empezar con ganas, ilusionado, subir y volver a coronar otra cumbre... Y entrar al llano y llanear y llanear, aburriéndote ello, agotando fuerzas ( a veces, aunque parezca mentira, es lo más penoso, porque entra en casa la desesperanza y la desgana).<br /> <br /> Pienso que esa ternura, fantasía, inocencia e ingenuidad, siempre está presente... pero también pienso, que a veces, estamos tan agotados y sobrepasados que no quedan fuerzas para mirar, para esa visión que nos rescataría al momento; pero sin duda, nuestro estar, presentes y mínimamente conscientes, antes o después, nos hará volver la cabeza haci la dirección esperada, y nos limpiará la mirada para recuperar nuevamente esa fuerza necesaria, que como "niño" siempre atesora nuestro corazón.<br /> <br /> A veces, como canta Amaral, tienes que gritar salir... salir corriendo. Besos<br /> https://youtu.be/aCXQg1iusOg