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Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.

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Memorias... (1ª parte)

 

MEMORIAS…

 

(6 CAPÍTULOS)

 

1/ Sentir, no es juzgar

 

Te he echado de menos...


 

 


 

¿Sabes? he estado a punto de escribir, cuánto me hubiera gustado que estuvieras a mi lado, deseé que hubieses sido tú, quien me guiase, quien me ayudase a elegir y proyectar el viaje; pero, ¡estás tan lejos…! De todos modos, seguramente, no estabas porque, este, no era un viaje a compartir, ni siquiera en su proyecto…


 

Fue duro comenzar, tenía miedo a no saber reaccionar, a que mis sentimientos, como  tantas otras veces, se bloquearan y quedar paralizada y sentir el frío y la dureza de la estatua una vez más. Hay situaciones tan incompresibles, tan fuera de razón…


 

Sabiendo que tenía que hacer esto por mí y solo por mí, sin embargo, en mi mente seguían apareciendo otros seres y sin querer, volvía a sentir que se lo debía a ellos, como si yo, fuera "culpable" de sus posibles problemas, de sus sufrimientos y  destino… incluso, llegué a pensar que eso me sucedía como medio de retrasar un poco más el ir, porque me hacía dudar y dar mil vueltas sin decidirme, sin hacer nada.


 

Al fin lo hice. Subí al tren y emprendí el viaje, no sé cuantas paradas hubo, solo sé que fueron muchas y, que en cada una de ellas, sentía que tenía que volver porque no estaba preparada. Estaba convencida de que no podría solucionar nada, de que   entre aquellas personas que me esperaban, no había ninguna que fuera la que aguardaba el mensaje que tenía yo para  entregar. Me sentía descorazonada, impotente, culpable de no acertar a solucionar aquella carga que  se había filtrado en mi sangre, haciéndome responsable del testigo como último y definitivo corredor encargado de llevarlo a meta…, ¡porqué lo acepté si no iba a ser capaz de ver de dónde llegó y cómo acertar a liberarlo! Sentía que iba camino de un destino, tal vez, equivocado.


 

No sé cómo consentí, pero llegué al fin a la casa…

 Era muy antigua, aunque se mantenía en perfectas condiciones, no había ninguna señal de ruinas como había imaginado al pensar en ella…era habitable, desde luego; pero al entrar sentí frío y un gran escalofrió me recorrió todo el cuerpo; la mujer que la cuidaba y que me había recibido, se dio cuenta  y me sonrió comprensiva, con su boca mellada, mientras me frotaba los hombros enérgicamente. Tenía una mirada pícara, pero tremendamente tierna; sus manos eran robustas, fuertes, con la piel curtida y las venas gruesas, sobresaliendo; se notaban muy trabajadas.


 

Tomó mi bolsa de viaje y me llevó al piso de arriba, llegamos a un pasillo  largo  con puertas a un lado y a otro que desembocaba en otra escalera, seguimos por ella y al final, entramos a  una especie de vestíbulo donde había una puerta de dos hojas, la abrió y pasamos a una sala de estar muy acogedora, había una pequeña chimenea  prendida… la mujer se volvió sonriendo y me habló:


 

-El amo, me dijo que  sería tan friolera como su hija… por eso pensé que le gustaría.


 

Esto último, lo dijo mirando hacia el fuego… le di las gracias intentando sonreírle, pues aún estaba impresionada de encontrarme allí y del frío que sentí al entrar.


 

Esta sala, daba paso a dos habitaciones, la mujer me explicó que una, era la de la señora y la otra, la de la niña. Me contó, también,  que el amo le dijo que tenía que abrir y preparar esta sala y las dos habitaciones.


 

-No tendría que haber preparado las dos, cualquiera de ellas me hubiera valido, siento que haya  tenido más trabajo por mí.


 

-Era mi obligación, no se preocupe que yo estoy acostumbrada y hago con gusto mi trabajo y, es usted, la que tiene que decidir cual  desea ocupar…


 

Después, me contó que hasta el día siguiente no llegarían los demás, que dedicara el tiempo a descansar o a lo que quisiera… y que cualquier cosa que necesitara  se lo avisara y  que si me apetecía,  por la tarde me acompañaría a dar un paseo por la finca. Después, salió de la sala. Yo, cerré las puertas que daban al vestíbulo y me senté en una butaquita que había al lado de la chimenea, eché la cabeza sobre el respaldo y cerré los ojos…  nunca hubiera imaginado que me ofrecerían estas habitaciones, al fin y al cabo, a pesar de mi parentesco con la hija, seguramente, me verían como intrusa y enemiga…la primera prueba la tenía ya ante mí, pensé.


 

Abrí los ojos y me incorporé para mirar hacia las puertas cerradas de las dos habitaciones contiguas y que me recordaban que tenía que decidirme por una de ellas.

 ¡cuál tengo que elegir! No sabía si verlas antes o decidir sin mirarlas siquiera


 

 ¡no… de ninguna manera! Recordé lo que tú me habías contado tantas veces:


 

 “La emoción es fundamental… tienes que sentir y reconocer qué sientes, mirar y escuchar la emoción sin juicio”


 

https://youtu.be/CNhPtXI5_Qk


 

(Sentir  hace posible el reconocimiento)


……………


 

2/ De MEMORIAS...

(Continuando sentir no es juzgar/1)

2/

 

Por la tarde bajé a buscar a la tía Eduarda…


 

-Hola hija, ¿has podido descansar un poco?  ¡Vaya, perdone usted…! es que como es nieta de mi niño, me ha salido sin querer…


 


 


 

-No se preocupe, si lo comprendo, después de todo, usted fue  una segunda madre para él y sus hermanos. Y sé, además, que así la quería y recordó siempre, como a una madre… así que,  porqué no tratarnos, nosotras, con la misma confianza. A mí también me gustaría, y,  egoístamente, en estos momentos, necesito el apoyo de alguien... y si estás aquí, es porque tú, tía Eduarda, eres la indicada.


 

Gracias, hija, así es, no es casualidad que me hayan mandado a mí a recibirte y atenderte. Y ahora dime, ¿has descansado algo?


 


 

No mucho, la verdad… me encuentro demasiado excitada. Pero bueno, un poco más asentada sí siento que estoy; me comí con gusto, las gachas dulces con picatostes que me subiste y me han caído muy bien, mi estómago lo ha agradecido mucho, tía.


 


 

-Vaya, me alegra que te hayan gustado, igual no las habías comido nunca…


 

-Sí, tía…las he comido, alguna vez, de pequeña.


 

-Bueno, y ahora ¿tienes ganas de salir a dar un  paseo campestre por esta sierra tan bonita?


 

-Pues sí, necesito aire fresco…


 

-No será porque en la casa hace calor eh? Jaja


 

-No, desde luego… esta casa parece que está hecha de témpanos de hielo, ¡madre mía!…


 


 

La tía sacó unos echarpes de una cómoda que había en la entrada y salimos. La tarde estaba clara y muy agradable, pero no sobraban los chales que nos habíamos echado por los hombros.


 

La casa, estaba rodeada de árboles enorme y había más de un tilo; recuerdo que mi madre me había hablado de ellos, y de cuánto le gustaba sentarse a la sombra de alguno a leer. Nos acercamos a un mirador… abajo a lo lejos se oía correr el agua de una fuente natural. La finca, al ser de sierra era muy quebrada... estaba llena de cerezos gigantes… Bajamos por un sendero y directamente desembocamos al río. ¡Qué inmenso y precioso era todo, Dios, parecía el paraíso...!

Nos acercamos a un merendero cercano y la tía Eduarda me invitó a sentarme.


 

-Dime hija, has entrado ya a ver las habitaciones, cuál te has quedado?


 

-Me costó mucho entrar a ellas, pero al fin, lo hice… entré primero a la que me quedaba a la derecha… enseguida vi que era la de la hija…


 

-Ella, era tía abuela tuya, niña, aunque solo fuera por parte del padre, (tu bisabuelo) era parte de tu familia.


 

-Sí, lo sé…aunque es algo que he comprendido hace nada, antes, cuando  se hablaba de ella, se hacía como si fuera alguien ajena a nosotros en todos los sentidos, y por supuesto ajena a mi sangre. Era como si, al ser hija de la esposa del bisabuelo, no fuera hermana auténtica del abuelo, nunca oí hablar de ella como una hermana más de él… y lo que se hablaba no era precisamente agradable. Aunque siempre fue poco y lo mismo. Siempre la sentí extraña y aparte de  nosotros.


 

-Ella, hija, nunca aceptó de buen grado a sus hermanos, cuando el amo los trajo a casa, para la niña fue una tragedia ¿comprendes?  Y al que más despreciaba era a tu abuelo, porque era el varón y el amo lo adoraba..., por eso, y porque era el más pequeño de todos. Sus hermanas y el hermano, lo cuidaban  y defendían siempre de todo, él era el niño chico, el mimado.

Ponte en su piel, para ella, eran unos extraños usurpadores que habían invadido su casa y le habían robado, además, toda la atención del padre. Desde aquél día, ella se sintió apartada y, se apartó, de él… nunca le pudo perdonar que los trajera a su casa… los despreciaba.

Sufrió muchísimo, mi niña, de la noche a la mañana, sintió que le habían robado a su padre…

y su madre (la señora) no tardó en morir; la pobre, no tenía ganas de vivir, la habían casado con un hombre (tu bisabuelo) al que no quería y que tampoco la quería, pero que disponía de ella como si fuera de su propiedad, se pasaba las horas en su cuarto y en la iglesia, siempre rezando…  y  mi pobre niña se encontraba muy sola..., a mí ya no me quería, porque también me ocupaba de los otros, no me lo perdonó nunca… ¡pobre niña! Se sentía traicionada y abandonada  por todos, le dolía el alma y el cuerpo, le dolía la vida y odiaba… despreciaba y no perdía oportunidad de humillar al niño, él, era muy pequeñito e indefenso, con las otras hermanas no era tan fácil despacharse a su gusto. Aunque nada de eso, la dejaba en paz, al contrario, fue muy infeliz aquí. Soñaba con hacerse mayor para poder casarse y salir de la casa.


 


 

-Oye, tía, y de la madre de mi abuelo qué sabes… ¿la conociste?


 

-Alguna vez la vi, sí… Cuando el amo me mandaba a alguna venta donde hubieran quedado, a llevarles algo, o a llevarle a ella algún recado a su casa.

Era una mujer muy echada “palante” parecía  que no le importaba nada y se ponía al mundo por  montera; pero se notaba que sufría también… creo que era una máscara,  también pienso que estaba ciega, que no se daba cuenta del daño que hacía… y no me refiero al dolor de  la esposa del amo y la niña; hablo de los niños, de sus propios hijos…


 

-Y ¿sabes algo de su marido, de qué murió él…?


 

-No hija, solo sé que la casaron con ese hombre, y que ella, no lo quería… un arreglo, vamos, como pasó con tu bisabuelo.

Antes, a las familias les daba igual si tú querías a alguien, eso no se tenía en cuenta. Tu bisabuelo y ella, se habían querido siempre, pero, la familia consideraba que no era lo que querían para su hijo. Y no tuvieron más remedio que aguantarse ambos.

Y todo estuvo bien, más o menos, hasta que, ella, se quedó viuda, sola, con un hijo del marido.


 

-Qué pasó entonces, ¿el bisabuelo fue a buscarla…?


 

No sé, contaron de todo, que si fue ella, que si fue él… pero fueron los dos, claro que aquello en una mujer era un pecado muy grande, y una gran vergüenza… pero ella, se ve que solo pensaba en él y estaba obsesionada, no le importó nada, ni la familia, ni el hijo de su difunto. Ni los que tuvo después, como consecuencia de los encuentros con tu bisabuelo… y porque se murió joven que si no…


 

-Oye, tía, y cuando se iba con él, qué hacía con los niños…


 

-¡Qué se yo, hija…! Yo solo sé que cuando murió y el amo se presentó en la casa con los cuatro niños, el del difunto marido y sus tres hijos,  daba penita verlos ¡pobres! Cuatro desgraciaos, hija, mal comidos,  mal vestidos, mal lavaos y malqueridos… esa mujer no estaba bien, de verdad,...

se la tragó la vida de mala manera , su dolor y vergüenza inconsciente, no supo salir, se fue hundiendo cada vez más hasta que encontró lo que buscaba, morir...

¡pobre, pagó con su vida la libertad de amar! dicen que cada cual se mata a su manera!..Descanse en paz.


 

(Morir de amor)


 


 

https://youtu.be/XtzYwHnIio0


……..


 

3/ La MUJER del espejo


 

 

 

3/La mujer del espejo


 

Al día siguiente cuando Eduarda  subió el desayuno, me encontró en un rincón de la sala, liada en una colcha, muerta de frío, desencajada y como sin sentido…


 

-¡Hija, pero qué te pasa, tienes fiebre…? ¡Virgen Santa, vamos, vamos… reacciona!


 

¡Ay, Señor mío Jesucristo, ayúdame…! Ha comenzado el teatro, seguro, así sin más aviso…


 

Se arrodilló a mi lado y comenzó a frotarme y abrazarme muy fuerte…


 

-Todo está bien hija, tenía que haberte advertido que podía pasar, perdóname, cariño.


 

-Ha sido una pesadilla horrible, tía…


 

-Bueno, si quieres llamarla así,… pero ahora no hablemos de eso. Lo primero es tratar de recomponer tu estado de ánimo, luego habrá tiempo para explicarnos. Mira, mientras tú te das una buena ducha, yo encenderé un poco de leña, para calentar esto… que está muy frío, hija…


 

Cuando salí del baño, la sala estaba ya caliente y unos rayos de sol maravillosos, entraban por el balcón; me acerqué y entreabrí un poco para que me dieran en la cara, respiré profundamente y cerré los ojos… sentí el abrazo cálido del universo, y una reconfortante sensación me hizo sentir confianza y fe en el momento que estaba viviendo, comprendí que estaba segura y que nada malo me sucedería… Entró la tía Eduarda, justo en ese momento.


 

-Ay, hija, perdona… es que bajé a calentar de nuevo el desayuno, se estaba quedando frío… ya veo que tienes mejor cara,... y, ya verás que en cuanto comas algo  aún te sentirás mejor.


 

Comencé a comer casi sin ganas, pero acabé devorando todo como si llevara una semana sin probar nada…


 

-Gracias, tía, qué rico estaba todo… hacía años que no probaba la torta de almendra y este pan de aceite tan maravilloso.


 

-Muy bien, mi niña, ahora voy a bajar a recoger mientras tú descansas un poco, luego subo y hablamos…


 

-No, tía, prefiero bajar contigo a la cocina… mientras tú recoges podemos hablar.

-

-Pero ¿no es demasiado pronto…?


 

_ Lo prefiero, no quiero que se me olvide nada.


 


 

Ya abajo, en la cocina, la tía me dijo que me sentara al lado del hogar y ella, me acercó una mesita con una jarra de agua y un vaso


 

-Cuéntame, te escucho… y no tengas miedo, te aseguro que nada de esto es para mal. Pero si en algún momento sientes malestar lo dejas, ¿de acuerdo?


 

-Estoy bien, no te preocupes…


 

-Pues verás, anoche cuando te fuiste a dormir, yo me quedé un rato leyendo, no tenía ni pizca de sueño; pero al rato, me sentí cansada y me fui a la cama… Abrí la puerta del cuarto de la niña, prendí la luz y me quedé  parada antes de entrar, observando la habitación e intentando conectar con mi cuerpo por si sentía algo raro… pero no sentí nada especial. Me cambié y me metí en la cama, tuve una sensación familiar y agradable, antes de echarme me quedé sentada mirando todo, pensé que me hubiera gustado ver alguna foto de la niña… y sin más, no sé porqué, algo me empujó a abrir un cajón de la mesilla, no había nada, solo un libro de oración… lo tomé y repasé sus hojas de filo dorado, había estampitas de santos y vírgenes, las fui hojeando todas, y de pronto, al pasar una hoja, me encontré con un retrato de ellas dos, la madre y la  niña. Lo sé porque estaba dedicado por detrás de ella a su hija…


 

-Y qué sensación te dieron, ¿cuál de las dos te tocó más?


 

-No sabría decirte, fue una sensación conjunta, sus caras, el posado… la madre sentada y la niña de pie a su lado, cobijándola con su  brazo… como con cierto poder. Esa fue la sensación, que era la hija la que custodiaba. Las caras, una vencida y la otra soberbia y con cierta dureza, como amenazante…


 

-Sí, era así, la hija se convirtió en la guardiana de la madre, al menos, esa era la ilusión que ella se hacía…  siempre le decía a la madre que en cuanto creciera y se casara, la sacaría de la casa… le decía: “ ya verás que feliz serás en mi casa conmigo y mis niños, mami”


 

Pero continúa hija, continúa contando…


 

-Al final, recogí todo y lo volví a guardar en la mesilla. Me eché y caí rendida en seguida…


 

De pronto, desperté y no estaba en la cama, sino sentada al lado, en una butaca que no había visto antes. Y en la cama, estaba la niña, durmiendo; pero lo raro es que yo no sentí extrañeza de nada, me parecía todo normal.

Me levanté con cuidado y salí de la habitación, antes de cerrar, bendije a la niña, con la sensación de que era algo muy mío.


 

Ya en la sala, suspiré profundamente, pues tenía un peso grande en el pecho, era como si el corazón estuviera tan encogido que doliese y pesase como una piedra. Abrí el balcón y salí a ver el cielo, estaba cuajado de estrellas, hacía un fresco muy agradable y me llegaba cierta fragancia a flores… que no reconozco ahora, pero que  es una fragancia muy familiar para mí…

Sentí un escalofrío, justo en el momento en que alguien, rudamente, clavaba sus manos en mis hombros. Ahogué un grito, imaginé quien era… me arrastró hacia dentro… ya vuelta hacia él le vi la cara y le recordé enseguida.


 

 Le había visto muchas veces en sueños, incluso había luchado mil veces con él, pero siempre se me escapaba… una vez intenté pegarle  con una fusta, pero esta, no le tocaba, le traspasaba, porque no era más que  un fantasma… y él se reía y burlaba mil veces de mí…


 

-Y tú, hija, ¿sabías en tus sueños quién era…?


 

-No, no lo sabía, yo le llamaba, "el duende" aunque, un día,  mirando un retrato de mi abuelo de joven, le confundí, creí que era él, y no entendí nada. Pero ahora veo la diferencia…


 

-Es normal que le confundieras, el niño, se parecía mucho a su padre… pero dime qué pasó después.


 

-Me acercó con furia hacia él y me besó brutalmente… luego me empujó y caí sobre un sillón… me había hecho sangre en los labios y su aliento olía a coñac… me gritó que no tenía sangre en las venas… estaba furioso. Se echó sobre mí y yo le empujé y le supliqué que allí no, que podría oírnos la niña… me abofeteó y me arrancó la ropa; después, hizo conmigo lo que quiso, yo no era más que  un pedazo de carne deseable… y nada más. Aguanté el suplicio hasta que se cansó, se levantó como pudo y se fue, riéndose… como siempre hacía en mis sueños. Y, comencé a entender porqué siempre despertó tanta furia en mí.

Como pude, me levanté y me fui a… a mi habitación… caí dolorida sobre el reclinatorio y lloré en silencio. Cuando me repuse un poco, me sorprendí rezando, eso me relajó un poco. Después, me fui al aseo y me lavé bien todo el cuerpo..., me miré al espejo y sentí toda la  pena y el gran dolor de la mujer; humillada y herida, que allí veía reflejada…


 

Y, no sé como ni cuando, me desperté empapada en llanto y abrazada al retrato de la madre y la niña, tía…

Cogí la colcha y huí del dormitorio, me acurruqué en un rincón de la sala, y ahí me encontraste tú… perdida, sin querer pensar..,

y sin poder quitarme de la cabeza la imagen de la mujer del espejo


 


 

https://youtu.be/LJEXpVIUml4

 

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