Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.

Hablando de árboles:
“Son obreros incansables y gratuitos, cuyo salario paga el cielo. Al nacer, nos reciben en las cuatro tablas de una cuna; al morir, nos recogen en las de un ataúd”.
(Joaquín Costahttp://www.heraldo.es/blogs/elbuenjardinero/el-espiritu-de-joaquin-costa-perdura-en-los-arboles/)
Ya hace muchísimos años decía J. Costa:
"Van ganando , rápidamente, el favor universal, las doctrinas que proclaman el árbol como órgano vitalísimo en la economía del planeta y en la economía social."
Sin embargo, aún no queremos darnos cuenta de su valor. Como pasa con tantas otros seres tan valorables como nosotros mismos para la vida en armonía y salud de todos, del planeta...
pero quiero seguir abundando en mi hermano Árbol y en este hombre que con tanta claridad y sencillez lo situó ante nosotros en el lugar de importancia que le correspondía. Y si decido hoy, (como ya lo hice antes) ponerlo a él de abanderado, es por dejar claro que no es cosa de de este momento, ni de una moda pasajera, sino que viene de lejos..., esta valoración y preocupación por ellos, los árboles, la naturaleza, la tierra, los niños, los animales, el hombre...
Nos cuenta J. Costa:
"Los árboles, se dice, son los reguladores de la vida. Rigen la lluvia, y ordenan la distribución del agua llovida, la acción de los vientos, el calor, la composición del aire. Reducen y fijan el carbono conque los animales envenenan, en daño propio, la atmosféra, y restituyen a esta el oxígeno que aquellos han quemado en su vivido hogar de los pulmones; quitan agua a los torrentes y a las inundaciones, y la dan a los manantiales; distraen la fuerza de los huracanes, y la distribuyen en brisas refrescantes; arrebatan parte de su calor al ardiente estío, y templan con él la crudeza del invierno; mitigan el furor violento de las lluvias torrenciales y asoladoras, y multiplican los días de lluvia dulce y fecundante. Tienden a suprimir los extremos, aproximándolos a un medio común. Las plantas domésticas encuentran, en ellos, protección contra el frío, contra el calor, contra el granizo, contra los vientos y el progreso de las arenas voladoras. Almacenan el calor excesivo del verano y el agua sobrante de los aguaceros, y los van restituyendo, lentamente, durante el invierno y el tiempo de sequía."
¡No es maravilloso... ! ¡quién diría que sabiendo esto, estemos con estos pelos, eh...!
más:
"Los bosques son el proveedor universal de los manantiales. Hacen más esponjoso y más absorbente el suelo: la mullida alfombra de ceped que se tiende a su sombra, lo consolida: los brezales aprisionan, como tantas redes, las hojas secas, y las hojas, obrando como esponja, retienen el gua de lluvia y la obligan a filtrarse a través de las rocas, hasta los depósitos formados en las entrañas de los montes, o a derramarse por los estratos inclinados que llevan a largas distancias. Las torrenteras están en razón inversa de los bosques, como las tinieblas están en oposición con el sol: son incompatibles; se descuaja el monte, y,, al punto, se abren torrentes por doquiera y, por su cauce, se precipita la tierra vegetal, y los ríos se hinchan, inundan devastan campiñas, matan hombres y animales; repuéblanse los montes y las torrenteras desaparecen como por encanto, y las antiguas fuentes, nuevamente surtidas, vuelven a manar: A menos árboles, más torrentes; a más torentes, menos manantiales: esta es la cadena. Como el potentado consume en día de orgía lo que pudiera ser el patrimonio y el sustento de cien pobres en un año, así el pródigo torrente lleva, el turbio caudal que estaba destinado a destilar, por las hendiduras de las rocas y las ráices de los arbustos y de los árboles, en la escondida urna que nutría en lo más ardiente del estío, las fuentes y los ríos, y daba impulso a lasa fábricas, salud a las poblaciones, vida a los cultivos.
Obran, también, los bosques, a modo de mares interirores, moderando las temparaturas extremas..."
Sí, habéis oído bien, moderan las temperaturas.... ¡claro que como ahora ya tienen esas avionetas que muy de mañana cruzan, rayando el cielo, expeliendo y contaminando con aluminios y otras lindezas, para controlarlo artificialmente y al gusto del jefe de las marionetas...!
pero yo, sigo leyendo y compartiendo a J.Costa, empapándo con su mensaje mansamente, palabra a palabra, como si fueran hojas de árboles otoñales y nosotros, el lecho que espera y recibe...confiadamente, algo que, lejos de hacer daño nos beneficia a todos...
"Los vientos que vienen del mar cargados de humedad, dejan su preciosa mercancía allí donde los convidan a descansar esas factorías del comercio universal que llamamos bosques. La capa de aire frío que los circunda por todas partes, efecto de la evaporación incesante del agua por la exhalación de las hojas, produce el efecto de un vaso refrigerante, a cuyo influjo el calor se condensa en nubes, y las nubes se precipitan en lluvias, mientras que su madre, la mar, hizo oficio de generador del grandioso alambique. Y no solo obran como refrigerante y condensador de los vapores acuosos procedentes del mar, de los ríos, de las tierras cultivadas; son, además, generadores directos del vapor, aumentando la superficie de evaporación del agua de lluvia retenida en su follaje y en el cesped y matojos que crecen a su abrigo, y exhalando por las hojas, el agua de vegetación absorbida por las raíces. Verdaderas bombas aspirantes, levantan el agua oculta en las entrañas de la tierra, por las raíces, y la rrojan, en forma de vapor, a la atmósfera, por conducto de las hojas. Aumentan la masa de vapor acuoso en ela atmósfera, disminuyen su temperatura, dificultan el paso de las corrientes aéreas:
no hay que decir más para comprender el influjo del arbolado en la producción de las lluvias."
...Y, para terminar un poco más... A J.Costa, le gustaba INTERPRETAR a los árboles, y decía que ellos, hablaban así a las madres:
"Dejad que los niños se acerquen a mí... y desgarren en mi tronco y en mis ramas, sus pantalones."
"¡Sí, señoras mías, los pantalones! eso dice el árbol y con decir eso lo dice todo."
"Cierto que ganará el sastre, pero más que el sastre, ganará el niño. Y ganaréis vosotras, pues todo lo que que gastéis en pantalones, lo ahorraréis en medicinas... y creedme: cuando el niño no ha convivido largo tiempo con la Naturaleza, en el árbol, en la floresta, en la corriente, en el zarzal, en la roca. Cuando no ha recorrido en competencia con los pájaros todos los árboles, de los contornos, será incompleto toda su vida. Conservará ileso su pantalón, pero dentro de ese pantalón no hab´r nunca un hombre; si acaso, habrán dentro, otro pantalón de carne."