Y nada más existió hasta el próximo tren… -¿Perdón…?
Mi compañero de viaje, sorprendido y, evidentemente, avergonzado; giró su cara hacia la ventanilla mientras decía:
-lo siento, pensaba en voz alta.
Aunque, más bien, creo que "soñaba y al despertar"; exhaló, alto y claro, la melancolía de los deseos frustrados.
Cuando nadie me ve...