Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
Por Flora
El río parece que muere llegando al mar, pero el río queda fluyendo y no deja de vivir por amor, navegando aquí y allá.
Enamorado vuelve a... mar.
El río, sin ser el que fue sigue siendo, se nos queda dentro, como la propia sangre, en tierra:
jugando a vida y muerte, fluyendo...
a cara y cruz yendo.

15 de marzo
28 años ha...
y no, no parece que fue ayer. Ha pasado la vida, muuuchas vidas ¡y han pasado taaantas cosas...! muchas idas y venidas, así son las olas.
Me acuerdo de todo o casi todo, todo está en una cajita de luz, ahora apagada; pero si doy una palmada, se abre y enciende como en un ¡abracadabra!
como en un ¡HÁGASE ESA LUZ!
Todo con sus colores, con su olor a campo, a lavanda... a colonia Atkison, con su aventura memorable, con su emoción, con su amor...
todo, perfectamente conservado y fresquito, lo recuerdo...
como recuerdo los comienzos de mi viaje,
tengo recuerdos de aquél salto al andén,
cuando salí por la puerta de aquél tren, tan querido como extraño y olvidé, dentro, mi equipaje y la memoria de ser... ¿hacia dónde iba y de dónde venía tan desnuda?
al darme cuenta lloré sintiendo lo desconocido. Luego aprendí que a eso llaman, miedo.
Después, cuantos encuentros y cuantas vueltas a la estación, a las despedidas...
¡hasta siempre, espérame!
(¡espérame en el cielo!)
A veces, no esperan y vuelven, ¿lo sabes?
lo sabes,
tal vez no tienen paciencia o seré yo que tardo demasiado o,
tal vez, tenía que ser de esa manera, no sé...
tú ya sabes.
Lloro al pensar que... o que...
bueno, tú ya lo sabes,
y no sé qué me duele más, dejarte o que me dejes...
las despedidas siempre duelen, vale,
te lo acepto;
valga pues, ¡brindo por lo reencuentros!
(Gracias, por tanto, te quiero)
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