Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
MUERTE DE UN EXTRAÑO/1
Por primera vez me planteo escribir sobre mi vida; de las cosas increíbles y hechos pasados…
Al echar la vista atrás, lo primero que me viene, es la imagen de mi abuelo paterno; una visión imaginada en parte, solo en parte. Nunca le conocí personalmente. Lo que conozco de él, es a través de mi madre. Creo, que al vivir al margen de mi familia natural o biológica, siempre sentí una inquietante curiosidad por saber más de ella y no sé porqué, especialmente, de mi abuelo.
Y digo inquietante, porque despertaba en mí una gran excitación el ir descubriendo cosas de toda esa familia; ajena y propia al mismo tiempo, de la que no había conocido a nadie, ni siquiera a mis verdaderos padres, los biológicos, quiero decir. Y es que soy hijo adoptivo, aunque nunca sentí desarraigo o falta de amor. Pero otra cosa es; querer saber de uno, la historia de aquellos de dónde se proviene, comparar en lo posible y conjeturar sobre si, esta rama de hoy, tiene parecido alguno con las que fueron ayer, causa y origen de ella.
Siempre me interesaron las características y singularidades de los que me precedieron y abrieron camino hasta mí mismo. Y si soy sincero, los mejores ratos de mi niñez, fueron aquellos que pasaba con mi madre mientras me iba contando acerca de todos ellos. Según la oportuna coincidencia, esta, recordaba anécdotas o hechos que iban recomponiendo el tejido de la historia que tanto me interesaba; pues, ella, sí conoció, prácticamente, a toda mi familia biológica.
Como decía, aunque no les echaba en falta, sí me atraía mucho conocer cómo transcurrió todo ese devenir, que, como un río y, de relato en relato viajó hasta desembocar de lleno, en mí, desbordando la vida tranquila y normal que disfrutaba…
Mi madre me fue acercando a una nueva realidad:
“Tu abuelo paterno fue picador”
Me dijo una tarde durante la hora de la siesta. Serían más o menos las cinco. Nos habíamos levantado empujados por el sofocante calor de nuestra tierra en verano… Ella, puso la tele y apareció en pantalla una plaza de toros; en el justo momento del paseíllo. Le pedí que cambiase y, mientras lo hacía, sonriendo con cierto misterio y picardía en la mirada, lo dijo:
“Tu abuelo paterno fue picador”
"¡¡¡¿...?!!!"
Después de la sorpresa, “me salió la vena graciosa” y dije:
“¡Una pena que no hubiera picado en una mina en vez de hacerlo en una piel viva!”
No pude evitar cierto reproche e interrogación en la mirada, -mientras hacía el comentario-; por no habérmelo contado antes. Hasta ese momento, lo único que sabía de él, era que se había ganado la vida como guarnicionero y que, además, domaba caballos.
Ella, siguió sonriendo, pero esta vez, descubrí en sus ojos cariño y comprensión, no había rastro de disgusto por mi velado reproche. Tampoco esperó a que le preguntase nada y siguió hablando:
“No solo tu abuelo estaba metido en ese mundo del toro, que tan poco te gusta a ti. También su hijo, o sea, tu padre, lo estaba… Èl, hizo sus pinitos en ese mundo... Soñaba con ser matador de renombre. Y, hasta tu propia madre, vivía para la fiesta... Así fue como se conocieron los dos, tus padres... Si nunca, hasta hoy, te hablé de ello, tal vez fue por miedo a que tú, sintieras curiosidad, o la llamada de la sangre y, también, acabaras subyugado como ellos”
Suspiró, creo que con tristeza y continuó su relato:
"Cuando tú naciste, a tu padre ya se lo había llevado por delante un novillo…”
Nuevamente paró y cuando continuó, tuve la impresión de que lo hacía como en trance…
“Fue un novillo cárdeno, de la vacada de “Los Niños de Mora”. Se llamaba, “Empecinado”. Jugado en la Real Plaza de Lomas… No contento con derribar cuatro veces en la suerte de varas; después, cuando más metido estaba tu padre en la faena, tras un adorno torero, le perdió la cara y, el animal, aprovechó para arroyarlo, dejándolo inerte en el albero… No por las cornadas, que las hubo, sino por un derrame cerebral fulminante. Ese día, en el albero, acabaron sus sueños y todo... Todo, menos tú”
Calló y se sirvió un vaso de agua antes de continuar su relato. La miré y vi sus ojos cuajados de lágrimas. Me acerqué a su lado, me arrodillé y puse mi cabeza en su regazo, sentí que temblaba… No podía entender qué le pasaba. ¡Porqué le afectaba tanto la muerte de un extraño! Aunque, el extraño, hubiera sido mi padre, no le encontraba sentido a su emoción.
(Flora)
"Es la noble cabeza negra pena,
que en dos furias se encuentra rematada,
donde suena un rumor de sangre airada
y hay un oscuro llanto que no suena.
En su piel poderosa se serena
su tormentosa fuerza enamorada
que en los amantes huesos va encerrada
para tronar volando por la arena.
Encerrada en la sorda calavera,
la tempestad se agita enfebrecida
hecha pasión que al músculo no altera:
es un ala tenaz y enardecida
es un ansia cercada, prisionera,
por las astas buscando la salida."
(Rafael Morales)