Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
Antes de morir, las hojas, son libres de la vida que las ataba.Y aunque vuelen sin control, vuelan...
Tuve que meterme en la cama, al fin, aunque no podía dejar de llorar. Busqué los brazos de mi marido y le pedí que me abrazara fuerte…
-¿No se te pasa, mi amor?
-Bueno… a ratos, pero luego, vuelve de nuevo aquella escena, aquellos momentos. ¿Sabes? Aunque nunca había dudado de la cor
dura de Arturo, en sus últimos momentos, cuando nos confió todo aquello, creí que formaba parte de un delirio último... De su obsesión, creí que en sus últimas horas estaba mezclando parte de una verdad con visiones o sueños, sin darse cuenta apenas, de la realidad. Pensé que se le había escapado, digamos, el estado de vigilia y vivía en estado, semiconsciente, y febril…
-Te siento ansiosa de hablar, Améli, no es tan tarde y mañana no tenemos que madrugar… Si quieres, nos levantamos, nos preparamos algo calentito y charlamos un poco más de todo lo que quieras. De aquello y de la noticia de hoy… Seguramente te vendrá bien.
-Sí, cariño… Me apetece mucho. ¡Gracias, eres un cielo!
…
Era increíble todo lo que había pasado, no acababa de creerlo.
Recuerdo como si fuera hoy, aquél día en que Arturo me confesó que su abuelo, en realidad, era su padre biológico…
“Parece mentira, Verdad?”
Me comentó después del largo abrazo en que nos enlazamos.
“¿Tú me crees, amiga…?”
-Claro que te creo, Arturo…
“Es que… de verdad, lo mío es una novela… -al final, ha sido algo así, después de todo-. O, al menos, tiene gracia ¿no?”
-¡Vamos Arturo! ¡Qué cosas se te ocurren! Te advierto que estamos a tiempo de dejar a todos con las ganas, todavía…
-No, ya, prácticamente todo está contado y lo que no, es fácil de adivinar… Solo hace falta un poco de imaginación.
¡Jajaja! Imaginación.
–eso, amigo, es justo lo que muchas veces nos falta, imaginación, sin ella nada se puede crear.
-Bueno, dejémoslo como está. Por este día ya he cumplido, creo que… ¡Que me largo con viento fresco, amiga!
-¿Por qué no te quedas hoy con nosotros, querido?
-Ya sabes que me encanta vuestra compañía, pero no… Hoy tengo un par de cosas pendientes que… Lo que sí haré, es esperar a que vuelva tu “has” con los niños. Me apetece mucho verles y darles un beso antes de irme ¡a los niños, claro está jeje!
…
Y eso mismo hizo…
Después que llegaron, estuvo un rato con ellos, contando no sé que cosas de su colegio, de su niñez, de sus juegos, de sus colecciones y, luego, les dio un beso de despedida…“Adiós, pilluelos, portaros bien con mami… con papi menos jeje;)
…
A la mañana siguiente, estaba sentada a su cabecera, a un lado. Al otro, mi marido… Nos habían despertado a media noche. Nuestro amigo, estaba muy mal, se nos iba irremediablemente…
En uno de los momentos que nos quedamos a solas, le había regañado por haberse ido, por no quedarse con nosotros.
Me contó que ya sabía y presentía el momento… Que llevaba toda la tarde sintiéndose mal que…
-Pero necesitaba despedirme del mundo, amiga… -dijo-
Despedirme del aire (a mi aire;) de mis calles, a mi paso… ¡Mirar! Mirar y llenar mi alma de imágenes de “este lado de la calle”.
Al salir de tu casa, respiré con cariño ese mundo que estaba abandonando ya, sin remedio y no sé cómo, de pronto, sin miedo. Miré a mi alrededor: a la gente paseando, charlando. Otros solos, (como yo) callando su sentir. Parece increíble qué soledad nos habita en medio de todo. Realmente somos un vacío inmenso que se hace palpable cuando ves que todo lo que hay has de dejarlo donde está, fuera, o en el mundo de la ilusión tan imborrable como borroso en ciertos momentos críticos…
Recuerdo que me acerqué a un árbol y me apoyé en él mientras esperaba que el semáforo se pusiera verde ¡cuantas veces estuve a su lado y ni siquiera le había mirado! En ese instante, un gorrioncito saltó delante de mis pies ¡como si nada!… Las cafeterías estaban llenas, se notaba que era viernes por la tarde…. ¡Por cierto, yo nací en viernes, sabes…! Los niños, “repicaban” cual campanillas en fiesta, delante y detrás de sus padres, unos… Otros, jaja… tirando de ellos para acercarlos al quiosco…
Pero la tarde, comenzó a nublarse y poco a poco iban desapareciendo, los viandantes, dentro de los establecimientos cercanos…Rompió a llover mansamente. Sentí la caricia de la lluvia y la recibí como mi regalo de “no cumples-más-años Arturo”No me importaba que esa lluvia fuera quien apagara ese último aliento de mi vida, no, al contrario ¡sentí un amor inmenso… Pero de pronto añoré esa lluvia que ya no sentiría nunca más… Ese otoño apenas estrenado, no era para mí. Sentí que era parte de la estación, como una hoja marchita y desprendida…Tuve una debilidad, y comencé a llorar como un niño… No sabía ni quería parar, ¡qué pequeñito me sentí amiga mía! “Nadie me ve, nadie se da cuenta” (pensé) no, no es que me importara ¡imagínate! Es que de pronto pensé en eso que dicen: que nacemos y morimos solos…Y yo estaba solo mientras la vida aún me rodeaba y empujaba fuera del corro, despidiéndome... Entonces sí sentí un poco de amargor en mis lágrimas. Y también, esa soledad de no poder hacer nada, de no poder elegir, -sin hacer daño-, los brazos de alguien amado para morir abrazado por ellos… Pensé en ti, mi querida amiga y comprendí mi impotencia. Sentí deseos de volver pero no fui capaz “¡no puedo hacerle eso!” Pensé… ¡Qué estúpidamente perfectos queremos ser para los que amamos…! Pero bueno…
-¡Ay… Arturo! No sigas o me muero contigo…
Le abracé. Realmente, en ese momento no pensaba en nadie más, me hubiera ido con él, a llevarle donde fuera…, para que no fuera solo, ¡a cualquier parte...! quería protegerle de su debilidad. También yo, sentí esa estúpida perfección aflorar en mí, como si yo pudiera evitar el destino o la soledad de otros… Así es para bien y para mal el ser humano.
-¿Por qué no volviste, porqué…?
-La verdad, Améli… Hubo momentos en que deseaba volver, aunque comprendía que no tenía que hacerlo. Pero también deseaba y disfrutaba de esa soledad e intimidad necesaria…-yo, para mí solo, para mi despedida-… Sentía que ese momento era mío, que me lo debía. Tenía algún dolor pero aún era soportable y era un placer poder pasear en esos últimos momentos, libremente ¿Comprendes?
-Después ya en casa, comenzó lo peor… Llamé al médico y le pedí que trajera una enfermera. Ya lo habíamos acordado así: “El momento del parto está próximo, doctor, ya he roto aguas” jeje, eso le dije
-¡OH Arturo, no cambiarás, siempre igual… ¡cuánto te voy a echar de menos, querido! Me va a costar mucho dolor tu ausencia, amigo, mucho…
Me eché a llorar. Él me abrazó de nuevo, consolándome…
...
(Y ahora, mi querido y viejo amigo, dónde puedo ir a escuchar tu voz y buen consejo... El viento del olvido, como si fueran hojas en otoño, me robó todas tus palabras -Tus palabras y cariño-)
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