Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
(Recuerdos que engendran ángeles)
Programación...
II
Ha pasado más de un año desde aquella experiencia... aún sigue siendo un misterio, no sé cómo sucedió; pero estoy segura que todo fue tan real como si lo hubiera vivido en este plano en donde día a día vivo la cotidiana realidad de mi presente encarnación. Pero, tampoco me he atrevido a hablar de ella con nadie. Sin embargo, no quiero que algo tan misterioso y hermoso pueda desaparecer conmigo... deseo que no muera, quiero que viva ¡que brote y florezca como lo hace la pasión en el amor...! ¡que no desaparezca!
¡NO!
¡que sea aliento,... que sea esperanza en otros corazones
¡SEA!

Aquél día, llegué temprano a casa de mis padres. La semana anterior había quedado en que iría a para ir recogiendo toda la ropa de mi madre, a empaquetarla y entregarla, después, en la parroquia. Había pasado ya, más de un mes desde su partida y aunque era una tarea triste, también era lo más conveniente para mi padre, pues cada vez que abría el armario y veía sus cosas allí colgadas, se venía abajo...
... entre todo, también estaba la ropa de cama y fue junto a esta, donde encontré las sábanas del hospital, de la última vez que la trajeron algo recuperadita a casa. No sé porqué las dejaron y no se las llevaron de vuelta.
En un principio, pensé en recogerlas y entregarlas junto con el resto de ropa; pero, de pronto, también me vino la idea de acercarme al centro hospitalario, a devolverlas. Así, tendría la oportunidad de saludar y agradecer, a todos, el cariño y atención que siempre mostraron a mi madre y al resto de la familia. Pues, durante bastante tiempo, aquél lugar, fue como una extensión de nuestro hogar.
Busqué una bolsa aparte para guardarlas y le comenté a mi padre lo que pensaba hacer, por si le apetecía acompañarme. Pero él, me dijo que prefería no volver por allí, a no ser, para que le atendieran a él mismo...
y, sentí habérselo dicho, no había sido capaz de darme cuenta, antes de su comentario, de la tristeza enorme que supondría, para él, volver allí, estando todo tan reciente. Me sentí muy culpable, el pobre, se pasó todo el día sentado y mirando la tele pero sin verla, como ido... apenas comió algo y no tuve forma de sacarlo de su ensimismamiento...
solo abrió la boca para decir, que ni se me ocurriera llamar al médico.
¡Me sentí tan mal...!
me sentía como cuando de pequeña, hacía algo malo sin querer, pero; en el fondo de mi alma, creía que merecía un castigo y, este, antes o después, caería sobre mí.
Aquella tarde, aparte de la inmensa tristeza, el cielo, parecía querer caer sobre mi cabeza y yo, nada podía hacer para evitarlo, pensé:
solo soy un barquito de papel en mitad del océano... ¡cómo controlar esta tormenta que me aflije!
...

Ya iría al día siguiente a devolver aquellas sábanas hospitalarias...
La tarde rompió, en mil truenos y relámpagos, el cielo y nuestros corazones. Mi padre estaba muy triste y asustado. Decidí hacerle compañía y leer algo en volz alta ¿qué tal alguna fábula?
...
"Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena mientras pensaba:
– “Si tuviera un auto nuevo, sería feliz”
– ” Si tuviera una casa grande, sería feliz”
– ” Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz”
– ” Si tuviera pareja perfecta, sería feliz”
En ese momento, tropezó con una bolsita llena de piedras y empezó a tirarlas una por una al mar cada vez que decía: “Sería feliz si tuviera…”
Así lo hizo hasta que solamente quedaba una piedrita en la bolsa, la cual guardó. Al llegar a su casa se dio cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso. ¿Te imaginas cuantos diamantes arrojó al mar sin detenerse y apreciarlos?
¿Cuántos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros por estar esperando lo que creemos perfecto o soñado y deseando lo que no se tiene, sin darle valor a lo que tenemos cerca nuestro?
Mira a tu alrededor y si te detienes a observar te darás cuenta de lo afortunado que eres, muy cerca de ti está tu felicidad, y no le has dado la oportunidad de demostrarlo.
Cada uno de nuestros días es un diamante precioso, valioso e irremplazable.
Depende de ti aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido para nunca más poder recuperarlo."(
....................
Ya oscurecía cuando me fuí. Decidí volver caminando a mi casa. Necesitaba reconciliarme conmigo... la lluvia limpiaría esa culpa que, de pronto, había invadido mi corazón llenándolo de dudas y lamentos.
¡Cuán complejos y programados llegamos a estar!