Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
El Beso del Tiempo, en algún sentido, pasa de largo siempre.
Allí estaba, nuevamente, ante ella. Separados apenas, por unos pocos metros, después de años y tanta distancia… Casi, había olvidado lo hermosa que era. Al contemplarla comprendí que nunca hubo otra que, como ella, me hiciera sentir, verdaderamente, en casa, en mi hogar. Había sido la única que no quedó atrás al marcharme. Siempre estuvo en mi mente, en mi corazón y hasta en mis sueños... Sin importar, cuántos años hubieran pasado desde que me fui, ella, siempre volvía a entrar en mi vida, aunque fuera esporádicamente y sin permiso; por esa puerta de atrás que iba directa hacia mis sueños.
No sé si era su encanto natural y salvaje, o la huella misteriosa que impresiona el alma en la primera juventud, pero; comprendí enseguida que seguía gustándome igual. O, puede, que con más fuerza ¡Nos unían tantas cosas! Daba lo mismo si yo era ya un hombre ¿maduro? y no el niño que buscaba, siempre, refugio seguro en ella… ¡Parecía mentira! Y, parecía haber aguantado bien, después de todo; los embates del tiempo y los manejos técnicos, necesarios, hasta recuperar su encanto y la apariencia perfecta que los años van borrando al echarse encima ellos, o al consumirlos nosotros. ¿Sería todo apariencia, tal vez…?
La puerta principal, de dos hojas, estaba abierta de par en par; como invitándome a entrar sin llamar… Di unos pasos y me detuve, sin embargo, antes de acercarme. Quise mirarla, una vez más, con cierta perspectiva, reconocerla bien, antes de que la cercanía me confundiera entre los recuerdos y lo nuevo por descubrir, porque algo habría cambiado seguro. Esperar otra cosa, hubiera sido estúpido
En apariencia, verdaderamente, parecía la misma que yo recordaba. Pero sabía que había pasado malas rachas, alguna, incluso muy mala, como yo… ¡cualquiera diría que somos almas gemelas! Pensé, bromeando conmigo…
Unos años después de la muerte de papá, sus cuidadores, y, también, compañeros de juegos de mi infancia, me llamaron para comunicarme que tendríamos que ocuparnos de ella, seriamente, o acabaría derrumbándose. Me contaron, que con la desaparición de mi padre, poco a poco la carcoma del abandono, el vacío y la tristeza que se enseñorea en la dejadez, se estaban apoderando, tanto del ambiente como de ella:
“Mode y yo, hacemos todo lo que podemos, pero nada parece suficiente… Te ruego que vengas a verla y decidas qué hacemos... Es una pena verla decaer, día a día.
Casi hemos perdido la esperanza, Juan…”
Recuerdo, que me evadí como pude. Mi vida personal estaba inmersa en pleno naufragio y sabía que no podía enfrentarme a esa triste visión, sin acabar más hundido y, definitivamente, sin fuerzas para seguir luchando... Les supliqué que se hicieran cargo de mi situación y ocuparan, ellos, mi lugar en cierto sentido:
“Ya sabéis que el dinero no es problema. –les dije- Periódicamente iré mandando a vuestra cuenta cuanto necesitéis.”
Pedí que me mantuvieran informado de cualquier novedad y prometí que en cuanto pudiera, iría a echarles una mano en todo.
Confiaba de sobra en ellos, sabía que no me defraudarían. Y yo, cumplí mi parte, mandando todo el dinero que me pedían, sin pedir explicación alguna.
Y, me bastó saber que todo marchaba mejor de lo esperado y sin grandes complicaciones… La recuperación parecía posible:
“Hemos conseguido salvarla, Juan, tienes que venir cuanto antes, es increíble, casi no me lo creo. No tiene la misma alegría de antes, naturalmente… Hay cosas que no se compran con dinero, amigo ¡Pero la hemos sacado adelante! ¡De verdad, la veo estupenda! Ojalá puedas venir pronto a verla...”
Y allí estaba al fin, frente a frente y, a pesar de mis temores, dispuesto a encarar otra parte más de mi pasado fracaso.
Seguí caminando, ya sin detenerme. Al traspasar el dintel de la puerta me sentí sobrecogido por la inmensidad de aquél silencio. Me embargó una tremenda sensación de soledad y tristeza. A pesar, de su buen estado aparente, toda ella, rezumaba frialdad y resentido abandono. Pero qué podía esperar, así son las cosas. Y lo aparente solo puede engañar al que no siente más allá de ellas.
Las reparaciones, habían conseguido afirmarla, nuevamente, a la tierra y restaurarla a la vista. Pero el tiempo y los abandonos, habían besado, de forma rotunda e irremediable, el alma de la casa paterna. De algún modo, ese ilusionista, hizo desaparecer el acogedor, y restaurador calor, que aquella casa, tuvo para mí en la infancia y juventud.
La calidez interna había dado paso a la frialdad, que circulaba por ella igual que la sangre por mis venas….
Mis cavilaciones fueron interrumpidas por Mode:
“¡ Pero quién es usted, no sabe llamar…?¡Juaaan, qué susto, pero eres túuu… no te esperaba y…! ¡Qué alegría, canalla, por fin en casa…¡Venga! Dame un abrazo!”
“Lo siento, Mode… Perdona, tendría que haberos avisado. Pero lo decidí de pronto y…
“¿Avisar tú…? Sería la primera vez… ¡Cuánto tiempo amigo! De verdad, ¡Qué descastao has sido siempre!”
“¡Ramirooo, Ramiroo, date prisa, mira quien ha venío… baja, corre…!”
“¡Pero… bueno!, ¡qué sorpresa, Juanín! ¡Venga un abrazo, canijo, que no te rompo, tranquilo jaja… Qué contento estoy, ni me lo creo, de verdad! ¿Estás ya mejor, hombre…?
“¡Sí, sí claro… estoy bien! Y…También yo me alegro mucho de veros, y de haber venido por fin…Os veo muy bien a los dos, de verdad, qué alegría ...!”
“Sí… No estamos mal, hombre, hacemos lo que podemos para seguir en la brecha. ¡Que hay que seguir ganándose el pan…!”
“Ya, ya te veo. Cada vez me recuerdas más a tu padre. Sin parar nunca… ¿Has pensado alguna vez en hacer un viaje con Mode, por ejemplo…?
-
“¡Viajar y abandonar nuestras obligaciones? ¡Tú, como siempre, te olvidas de que nosotros no somos ricachones como tú jaja!... Pero sí, al menos, intento parecerme a mi padre en lo mejor… ¡Menudo era eh?! Me acuerdo mucho de él ¿Sabes?”
“Pero bueno, Ramiro, no te enrolles tanto… Tu padre, ya estaría organizando todo para que el amo se sintiera a gusto y bienvenido en casa…”
“Modesta, sé que es una broma, pero por favor, no empieces… ya sabes que nunca me gustaron esas confianzas tuyas jaja”
“¡Buaa! Lo suyo no tiene remedio, Juanín, tendrás que aguantar sus bromas, como siempre.”
“Pues claro, ¡faltaría más! (como yo sus gracietas)...Bueno, pero ahora os dejo tranquilos, señores,… Me voy. Me voy a ver qué traigo para la nevera del amo y para celebrar este reencuentro con una buena cena entre amigos…”
“¡Anda sí, vete… vete ya a tus asuntos, Modesta, jajaja!”
“Ahora que nos hemos quedado solos, Juan, dime: ¿Qué te ha parecido? ¿Cómo la encuentras?”
“Sinceramente, amigo…Estoy impresionado. No sabes cuanto te lo agradezco (os lo agradezco, quiero decir…) Y no te molestes pero, aún impresiona más el frío, estoy helao… ¿No la sientes excesivamente fría, para la fecha?”
“¡Anda el otro! Tenías que haberla visto cuando yo te avisé… Verla tan desangelá, sí que helaba la sangre… Y, de todos modos, piensa que la obra está un poco fresca todavía… Pero no te preocupes, que en un momento salgo a por leña y enciendo la chimenea, esta, y la de tu cuarto. Ya verás como en un rato, tanto tu casa como tú entráis en calor.”
“No te molestes, Ramiro, de verdad…con encender los radiadores de aceite será suficiente…”
“¡Pero qué dices, hombre… Con lo que nos gusta a los tres una buena candela! Esta ocasión hay que celebrarla a la vieja usanza. Mira, “zapatero a tus zapatos”. Tú, date un voltio por la playita mientras enciendo y organizo un poco todo… Así, cuando entres otra vez, será como regresar de verdad al hogar… ¡Pero alegra el careto, hostias, que esto es una fiesta, no un duelo! ¡Oye…! Cuando vuelvas del paseo, más te vale traer otra cara o no te dejo entrar, me oyes…?”
“Tenía razón Ramiro, el fuego ayudó mucho a calmar aquél ambiente tan frío. Pero mucho más ayudó el cariñoso recibimiento y la cena que me brindaron mis queridos amigos de la infancia. ¡Qué haríamos sin los amigos!”
De todas maneras, cuando se despidieron y subí a mi cuarto, a pesar del calor de la chimenea envolviendo el ambiente, comprendí que la soledad y vacío de la casa, -como los míos-, no se podían llenar, así como así, con fuego o con un hermoso reencuentro entre viejos amigos. Aquella sensación melancólica que exhalaba la casa se mezcló con la mía y me sentí más solo y desgraciado que nunca. Aunque, después de todo, una de las razones por las que había decidido volver al hogar, de mi infancia y juventud, no era otra que apartarme del ruido y falsa compañía de la urbe. Necesitaba estar a solas conmigo, intentar buscarme, reconocerme y mirar hacia dentro en auténtico silencio y con un solo observador como testigo. Aparte de cumplir con mi obligación y con la promesa que le hice a Ramiro. Esa, fue la verdadera razón de mi regreso.
Recuerdo; aún emocionado, que abrí la ventana y una ligera brisa salada tocó mi frente y rozó mis labios consiguiendo que, por un instante, me sintiera bendecido y bienvenido al hogar paterno… la luz del fuego me reflejó en el cristal. Y, sorprendido, pude contemplar la imagen del viejo patriarca…
Sentí el aire familiar en aquella mirada, húmeda, escrutando atentamente mi semblante… volví a escuchar su amorosa voz, más suplicante y pesarosa que interrogativa: “¡Qué te angustia tanto hijo mío!”
Me escuché, igualmente, a mí mismo quejarme:
“El tiempo, al besarme, no me caló hasta los huesos. Se olvidó de transformarme en hombre, papá. Sigo siendo un niño, por dentro…”
-respondí-
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A veces, esperamos que todo nos venga dado:
Seguramente, esperamos demasiado.
...
Agradece y valora tu hoy llueva o haga sol. Como dijo alguien;
"Un hoy, vale por dos mañanas"

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya,
y amontonado en tu arena tengo amor, juegos y penas.
Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto enterno
que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura.
A tus atardeceres rojos se acostubraron mis ojos
como el recodo al camino... Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino, Tengo alma de marinero...
Qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo.
Y te acercas, y te vas después de besar mi aldea.
Jugando con la marea te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer perfumadita de brea
que se añora y se quiere que se conoce y se teme.
Ay, si un día para mi mal viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca con un levante otoñal
y dejad que el temporal desguace sus alas blancas.
Y a mi enterradme sin duelo entre la playa y el cielo...
En la ladera de un monte, más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista. Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos y amarillo a la genista...
Cerca del mar. Porque yo nací en el Mediterráneo.