Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
Tercera parte
Capítulo/1
Volver, Despertar... Mirar.
Como una estación del año que se va pero vuelve, "regresé y desperté" ...,de nuevo en casa
Y desperté, sintiéndome entre dos fuerzas o aguas revueltas:
Las de Arturo y Miguel.
Se sucedieron noches interminables en las que mis ideas y pensamientos eran más angustiosos que el amargo insomnio que impedía mi descanso nocturno.
Y los días eran más agobiantes, aún, que sus propias noches. Comprendí que tenía que tomar una decisión drástica.
Sabía que tenía que salir de casa de mamá o, Laura, a toda costa.
Comprendía, que de seguir allí no podría comenzar a liberarme de la pesadilla que había vivido fuera de mi tiempo. La misma que, ahora, continuaba devorando mi presente.
La historia se repetía de nuevo, tenía que “escapar”, otra vez, de Laura, de casa…
Curioso destino, el de esta mujer maravillosa, que siempre la dejaba sin el ser amado y a mí, me alejaba de ella y sus cuidados en cualquier forma.
Sabía que no podía hablar de lo sucedido, ni a ella ni a nadie. Hubiera sido “peligroso” para mí…., si lo contaba, pensarían que era un loco y así sería tratado y atendido. Hasta yo mismo, a veces, me preguntaba si aquello no habría sido un acceso de locura. Pero existían dos circunstancias que me declaraban cuerdo ante mis ojos y negaban aquella elucubración de locura, “tan natural”, mentalmente hablando.
La primera de estas circunstancias, era que, a pesar de “estar entre dos fuerzas opuesta”. A pesar de ser algo así como dos hombres en uno enfrentados por el natural y propio egoísmo... la razón, fría e indiferente, como la ley, ante los sentimientos, acababa imponiéndose siempre. Y esta, guiaba mi actitud, triunfando por encima de cualquier deseo desesperado que el corazón y la pasión de Miguel hubiera podido sentir.
Sus sentimientos me hacían sufrir y herían en lo más profundo, pero comprendía y lo disculpaba. Porque al fin y al cabo, él, era como un muerto que había recuperado un cuerpo prestado, y con él, la vida y los deseos personales conscientes e inconscientes de todo ser humano vivo. Algo que recibió, paradójicamente, por un accidente del destino. Cuando, lo normal en los accidentes, es perder y no recuperar o ganar algo. Pero, en este caso, sucedió lo más inesperado, como es recuperar una vida perdida en el tiempo…
Así pues, retomó además, sus ansias por conseguir sus deseos. Y sus miedos a perder, como cualquiera, lo "poseído"… Sobre todo, temía perder la vida de nuevo, en cualquier momento. Aunque, más que temerlo, presntía que era su destino y , que era lo natural que, aquello, sucediera en cualquier momento; dejándole de nuevo, en los brazos del olvido personal… Sin pena ni gloria.
La segunda circunstancia que me confirmaba la propia cordura, era que, habiendo hablado con Laura, en los días posteriores a mi regreso, sobre mi padre, sobre el abuelo y también, sobre mi madre biológica (intencionadamente por mi parte) nada de lo que me contaba, y se suponía que yo no conocía, me era desconocido … Pues, después de aquella experiencia en el banco del parque, en la que surgieron mis primeras visiones y recuerdos como Miguel, siguieron dándose y coincidían plenamente con lo que mamá me contaba…
Aquellas "visiones", de acontecimientos de la vida de mi padre (Miguel), siguieron surgiendo en mi cabeza y acabaron por descubrirme, no solo la historia de su vida, sino también la de mi abuelo, hasta donde él, como hijo, la conocía. Lo cual, me confirmaba, además, que yo, antes de Arturo, había vivido una vida como Miguel.
Tal como cuento, sabía que lo que había vivido, no era por causa de una enfermedad mental, pero no me cabía duda que sí estaba relacionado con ese “órgano” invisible, portentoso y prácticamente desconocido:
La Mente.
...
Tuve que crear un escudo impenetrable a mi alrededor, amiga... Para que Laura no advirtiera ni la tumba abierta, ni el muerto viviente, que la miraba a través de mis ojos:
Su amado y enamorado Miguel.