Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
Madre, esposa y amiga no predican, comparten el trigo;)
…Cap/7 (continuación del 5º) 3ª-parte
Al silencioso abrazo le siguieron unas conmovedoras palabras de Arturo…
“Te quiero, os quiero mucho a todos, amiga”
“Antes que nada, quiero agradecer, tu confianza, tu compañía, tu aliento, ¡es tanto lo que he recibido, Amèli…!
Si mi vida ha sido una locura, ¡si fui un loco o no…! (sé que habrás tenido tus dudas) no pareció importarte nunca. Nada de lo que me atreví a confiarte te alejó de mí nunca, a pesar de las posibles dudas que te surgieran fuiste fiel a nuestra amistad.
A mí, que dudases me daba igual, lo confieso, comprendía que era hasta lógico dudar… Pero, necesitaba a alguien, y tú estabas allí, tendiéndome la mano.
Por lo demás, de mis experiencias, ni yo puedo responder, amiga. Aunque no lo sentí así, no podría asegurar si estuve loco, si todo era sueño y pesadilla, productos de miedos y deseos, o de una enfermedad o… O, es que, sencillamente, así de rara, cruel y sin sentido aparente; tenían que ser una gran parte de mis experiencias, durante este viaje terreno…
Pero, sí sé que has sido como un ángel para mí. Que me has acompañado hasta esta última estación de mi destino…”
Fui a decir algo, pero me paró con un gesto de la mano.
“Déjame terminar, por favor, no digas nada, solo escúchame:
“Supongo que apareciste porque te necesitaba e internamente te llamaba…Sí, "te llamé" y La Providencia se sirvió de tu pequeña y traviesa niña para reunirnos. Bien sabía, Aquella, que solo la inocencia y necesidad de una criatura así, podía hacerme reaccionar…
Qué papel tan importante han tenido las mujeres en mi existencia, querida amiga…
Habéis sido, siempre, mis ángeles guardianes, sanadoras y guías, tabla de salvación... Las que me dabais sentido y fuerza para aceptar lo inevitable, como ganas, para continuar caminando…
Primero fue la madre (Laura) después, la esposa (Marion) y, a la postre, la amiga, tú, mi estimada Amèli:
Tres personas unidas por un único e inconmensurable amor, que no sé si merezco pero; que ha sido lo más grande, lo más importante y lo único capaz de salvarme en cada momento crítico de mi vida.
Cada una a su tiempo, apareció y estuvo en su lugar, cuando más necesitaba a alguien para tirar conmigo del peso que me detenía.
Las tres me ayudasteis a vivir y seguir adelante. Y ahora, a la hora de morir, vuelvo a necesitar una mano… Te necesito cerca, amiga, ayúdame.
¡No me dejes solo, ahora...!”
Arturo apretó mis manos y yo le respondí de igual modo. No era capaz de pronunciar una sola palabra.
Continuó diciendo:
“Me da vergüenza, mi niña, confesarte que tengo miedo, que no quiero estar solo en estos momentos. No lo entiendo… tanto que deseaba ir con Marion y ya ves, me asusta morir…
¡Oh, Amèli... No me dejes, abrázame, amiga, no me dejes… Estoy tan asustado!”
No sé cómo describir el estado de congoja y necesidad del momento aquél…Mi amigo se derrumbó literalmente. Nunca lo hubiera imaginado así. Arturo, mi viejo y sabio amigo, el que siempre me trató como una niña, era, en aquél momento, como un niño desamparado y agarrado al cuello de su madre… Lloraba, desconsolada y entrecortadamente. Mientras yo, intentaba contenerlo y le abrazaba con toda la fuerza de mi alma sin poder hacer nada por borrar sus miedos.
En ese momento, justo, llegaron los niños y mi marido…, entre todos como pudimos, lo metimos en casa. No podíamos dejarle ir en ese estado… Poco a poco, con tiempo y viéndose en casa, rodeado y apoyado por nuestros cuidados, se fue serenando, cual ave en su propio nido.
Aunque, no tuvo ganas de cenar, los niños, se empeñaron en que tomase una taza de leche con miel, porque según ellos:
“Cuando estamos resfriados, mamá siempre nos hace eso y dormimos mejor”
“Si os va bien a vosotros, seguro que a mí también, ¡acepto! … Pero me voy ya a la cama, ¿seréis capaces de traérmela allí?” Les contestó, nuestro amigo, sonriendo.
Naturalmente, los niños, contentos de ser escuchados y atendidos, dijeron que sí.
Y, cuando unos momentos más tarde, estos, aparecieron en la habitación, mientras, se fue tomando la leche, Arturo, aprovechó para justificarse, en plan de broma, diciéndoles:
“Tengo que ser ya un viejo “chou chou”, para llorar delante de dos niñatos…”
Y, naturalmente, acabaron riendo los tres.
Al final, tuve que intervenir para que salieran y le dejaran descansar…
Le di las buenas noches con otro abrazo y le pedí que llamase si necesitaba algo durante la noche:
“¡llámame, no temas despertarme…!”
No sé cómo, pero no tardó en caer rendido. Arturo, durmió tan profunda y serenamente, que todos nos desvelamos, aquella noche, con sus ronquidos… (Gracias a Dios:)
Amigo:
"Si yo se que tú eres, y tú sabes que yo soy, quién va a saber quien soy yo cuando tu no estés."