Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
5
Instrumento del Amor
Al día siguiente, cuando le llamé, le dije que ya estaba libre,… que si quería iba a verle a su casa; pero él prefirió quedar en una cafetería a medio camino de la suya y de la mía.
Allí fue, donde me contó, qué era aquello importante que deseaba compartir conmigo…
Dijo:
“Estoy en las últimas, Amèli. Llega el final de mi viaje…”
Así de directo y casi cruel, (diría yo) fue al anunciarme su estado.
Seguramente, necesitaba escucharse a sí mismo, confirmando la noticia (imaginé) para empezar a aceptar esa realidad o destino seguro que, paradójicamente, siempre nos pilla por sorpresa.
No pude decir nada, solo nos estrechamos las manos por encima de la mesa casi sin mirarnos; ambos lo evitamos.
Ya, la noche anterior, me costó dormir… Había ido rondando, con miedo, esa posibilidad sin poder evitarlo. Es lamentable la energía que perdemos y la angustia que derrochamos con nuestros agoreros pensamientos, pero solemos pecar de eso.
…
¡Porqué somos tan agoreros con todo lo que nos importa o las personas que más nos interesan y amamos!
¿Por qué tendemos a ponernos en lo peor casi siempre? ¡Porqué ese sufrir por adelantado!
Tal vez sea la manera, intuitiva, de preparar el ánimo para un dolor probable, “para estar al quite y que no nos pille el toro”, que se dice…
Pero en cualquier caso, me pregunto, si “ese escudo preventivo, ese capote…” justifica la pérdida de paz y la tensión que provoca el temor a un posible hecho desafortunado, aunque; acertemos muchas veces.
Pues ese sufrir y ese miedo a la posible pérdida, no es algo banal o solo una pequeña molestia como puede ser, por ejemplo, salir de casa con un paraguas antes de que empiece a llover porque vemos nublado el cielo. Por muy incómodo que resulte este, nunca provoca angustia… En cambio, los pensamientos tristes, aún siendo invisibles, aún dejando libres nuestras manos y sin ocupar espacio alguno en nuestro bolso, sí ocupan la cabeza, angustian el corazón y alteran nuestro humor.
Los pensamientos que nos hacen temer por algo o alguien, no se dejan olvidados en la entrada de una tienda, del trabajo o de una cafetería, cual paraguas... Están “encima” de nosotros, mientras compras, durante el trabajo y cuando tomamos un café…, tienen ese poder de “ nomeolvides” o peor, son como los cepos.
…
Pero volviendo al relato de los acontecimientos:
Ante la noticia, y, a pesar de haber rumiado tormenta o un toro suelto, el chaparrón, me pilló sin paraguas y sin capote para la bestia. Y sentí calada el alma y el corazón atravesado... Aunque ya sabía que Arturo se había convertido en alguien importante y casi necesario para mí, unca imaginé que me afectaría tanto.
Cuando terminamos lo que nos estábamos tomando, como si no pasara nada, pagamos lo consumido y salimos del local. Me cogí de su brazo y caminamos mucho rato sin rumbo acordado. Sentía como que nos sobraba algo y parecía que buscáramos un lugar donde dejarlo… No hablamos nada, ni siquiera, le pregunté qué era lo que le pasaba, cuál era la enfermedad que le afectaba, o cómo se enteró, qué sentía… ¡NADA! No podía hablar. Solo quería seguir caminando y dejar la angustia atrás. Necesitaba consumir la excitación que me sobraba, ¡quería cansarme! ¡Quería agotarme de algún modo…! Poder dejar mi enfado atrás, para desmoronarme, más tarde, y llorar tranquilamente y sin miedo a ser posible…
A veces, aceleraba el paso obedeciendo a mi deseo interno de gastar energía, entonces, Arturo tenía que apretar mi mano para sacarme de mi inconsciente carrera.
Me pregunto, cómo se llega a estimar o valorar tanto a alguien que no es nada tuyo, según las leyes del mundo y la naturaleza… Alguien, como en este caso, tan diferente a todas las personas que conoces. Alguien extraño, torturado por la vida y que parece estar fuera de lugar… Y, además habiendo entrado tarde y por accidente en tu universo. Será como dicen que “Nunca es tarde”…Nunca es tarde sin más nada, sobra todo lo demás.
Ojalá así sea, que NUNCA, sea tarde para nada, para nadie. Que nadie se sienta así, fuera de tiempo, de lugar…
Si hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir, en el tiempo de vivir, ha de existir un momento para todo, para todos…, sin horario ni fecha en el calendario, como dice una canción… ¿Será verdad? En esta ocasión, al menos, así ha sido...
¡Quién hubiera pensado que Arturo faltaba, cual pieza esencial en mi mapa, y que al llegar encajó a las mil maravillas en la vida de nuestra familia!
Cuántas sorpresas nos da la vida a pesar del destino que le marquemos.
¡Cuantas veces llegue una primavera, estará en su momento, aunque ya hayas vivido muchas...!
……………….
Soñamos mucho por soñar, ¡¿Soñar por soñar?!
Se sueña aceptando que sueñas imposibles, que en nuestro mundo cotidiano no entra el hacer realidad los sueños. Soñamos dando por perdidos los sueños.
Sueños que se vuelven a la nada de donde surgieron … Como aquellos niños que no llegaban a ser bautizados antes de morir..., niños sin nombre y sin identidad… Niños como sueños, perdidos y devueltos a la nada de nuevo.
Y se me ocurre pensar ¿qué es lo real o lo soñado?… ¿podría ser que la realidad no fuera lo que creemos y que estuviera más cerca de nuestros sueños de los que nunca hemos sido capaces de imaginar?
Contaba Arturo:
“He vivido, demasiado, en las alternativas, en el mar de mis dudas como si, estas, fueran algo raro o enemigos de la vida… Luchaba contra eso, contra todo ¡Cómo me costó aceptaros en mi mundo, Amèli!”
Y Arturo, seguramente, fue víctima (como todos) de asunciones y creencias que nos llevan por caminos paralelos, aunque en ellos suframos y nos torturemos con esa situación que internamente nos hace dudar tanto y, precisamente, sin salirnos de ella.
Aunque el corazón diga: “No es que lleves un camino malo, es que no es el camino mejor para ti, deja la pesadilla y sigue tu sueño” es igual, sentimos miedo, e insistimos en lo mismo… Justificándonos en que es lo prudente, lo adecuado lo…lo de siempre, lo “cómodo”... Salvo “los locos” claro:
Sin la razón, seguramente, ellos, sienten que no tienen nada más que perder. El mundo ha dejado de acomplejarles…
Ellos, puede que entiendan que, solo “uno” puede encontrar el camino que lleva hacia el corazón. Y, tal vez, esa sea razón suficiente para bautizar nuestros sueños, para darles identidad y no dejarlos volver, de nuevo, en la nada…
Y hablando de perder... ¡Me pierdo, perdón…!
¡Perdón! Pero me encanta perderme por algunos caminos…
Recuerdo que un día Arturo, oyéndome hablar así, y más ida que escapada, riendo me dijo:
“¡Sancho, te estás volviendo tan mochales como yo!” Aclaro que mochales se dice de alguien chiflado. Menos mal que los locos como los niños, entre ellos se entienden sin complejos.
Ya sigo…
Aquél día, caminamos mucho…
Caminamos “sin destino” sin querer pensar, y, pensando cada uno al lado del otro pero; en el fondo, muy, muy solos.
Me estaba anticipando, de nuevo, imaginando el vacío doloroso que deja siempre alguien que se va… Pero al fin, entre una y mil vueltas, acabamos en la puerta de mi casa. Supongo que él quiso acompañarme, hasta ella, como otras veces hizo. Quise que entrara; pero no aceptó.
“hoy no, cariño, puede que mañana” me dijo.
A pesar de lo decaído que se veía, no me atreví a insistir.
“Quiero que mañana nos veamos de nuevo, Arturo”
Solo eso le dije, sin comprender en verdad lo que él necesitaba ¡qué ciega…! Seguía huyendo a toda prisa y él, solo intentaba seguirme, aceptar…
“Yo también quiero, me parece bien. Pero, me gustaría que vinieras a mi casa, tengo cosas que… para después de… de que me haya ido. Deseo que tú te encargues de todo. Si puedes, me gustaría así.
Y quiero contarte algo más y… y, querida mía, siento que no queda mucho tiempo. Amiga…necesito tu compañía más que ninguna otra cosa… ”
Le costaba seguir hablando y teníamos los ojos desbordados. Pero siguió hablando:
“¡Vaya, tantas veces que lo deseé y ahora que llega el momento…, qué difícil soltar, despegarse, mi niña…!”
Como guiados por Dios y su amor, nos abrazamos tiernamente, conmovidos y… y lloramos juntos. Lloramos por nosotros, por este mundo sordo, ciego ¡indiferente y perfecto!, que nos despide como si nada, cuando nos ha exigido tanto… que nos hace sentir ¡tan solos...!
Tan solos y desdichados a una orilla del río, dejando ir a alguien que amas, hacia la otra orilla…
Sentía un inmenso dolor, pero estaba agradecida de vivir el amor que lo provocaba…
Sentía un inmenso dolor, sí, pero también me sentía bendecida de haberle conocido a él, aunque no sabía cómo expresarle que había sido como un rey mago para mí, para mi familia…
Había sido mágica, la oportunidad de tener a alguien “tan loco” como Arturo, Alguien capaz de creer sus visiones, (y las mías) a pesar del hecho increíble que representaban, y seguir manteniendo “la cordura” hasta el punto de seguir siendo uno más entre los seres que nos llamamos normales… Seres que creamos círculos difíciles de penetrar para los que sentimos diferentes.
Admiraba su valor, su amor constante y fidelidad a lo suyo, su sinceridad al expresar sus miedos y debilidades…, esos, que a veces, conseguían volverlo de nuevo, una sombra o fantasma de sí mismo.
….
Y aún así, querido amigo, Arturo… aún en los peores momentos, fuiste instrumento del amor… Tú te pudiste sentir extraviado, como todos, pero para mí, que siempre viviste cercano al camino del corazón, del amor... Quiero decir: Nunca extraviado ¡Por ello brindo!
Gracias
Améli