Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.
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Gracias a la vida
Ante el fuego, como las bestias, corrí y huí sin destino.

La fuerza del otro nos hace movernos
(GRACIAS)
Dicen que, a veces, hay que caer en lo más profundo o doloroso de una situación, para que cualquier movimiento, aunque sea el más torpe o menos indicado, se produzca en el sentido contrario…Comparable al bote de una pelota: La misma fuerza que la empujó hacia abajo hace que rebote hacia arriba. Paradojas lógicas o naturales; milagros cotidianos que ni miramos, precisamente, porque se ven continuamente y no llaman la atención… Y, a veces, sucede que somos como la pelota en la que otro ejerce su propia fuerza, parece que para hundirnos y, sin embargo, esa misma fuerza, nos eleva después, sacándonos del agujero donde caímos. ¿Será verdad que estamos rodeados de ángeles de la guarda y que no son, precisamente, como nos contaron o nosotros imaginamos…?
El recuerdo más claro que tengo de mi “rebote” (huída), es el momento en que me abandoné sobre aquel banco como si se tratase del hombro de un amigo.
Una vez allí, me rendí y lloré sobre él. Primero, desesperado, luego desconsolado y, al fin más reconfortado. Sintiendo, de algún modo irrazonable, cierta confianza y calor humano en aquél trozo de madera inanimado. El hielo frío que antes atenazaba mi corazón, se había derretido… Sentí como si alguien a mi lado, me abrazara y dijera:
“Tranquilo, todo tiene arreglo y no estás solo”.
Tal vez, aquél día hablé solo, conmigo mismo… Por la necesidad de recibir fuerza y apoyo de alguna parte.
No tenía motivos de alegría en aquellos momentos, ¡cierto!, pero algo, muy adentro mío, la sentía o me la comunicaba; devolviéndome, no sé cómo ni porqué, cierto ánimo y luz… Lo recuerdo como si lo estuviera sintiendo ahora mismo mientras escribo, (cada vez que pienso en ello, vuelvo a sentirlo, es más, a veces busco ese recuerdo para tomar ánimo y alimentar mi espíritu).
Sí, sentí que podría empezar, tal vez, a tener alguna esperanza o fuerza, para buscar la salida a un cambio…y que no tenía nada que temer, ni siquiera por Laura, ¡Que todo estaba bien! Que todo era adecuado.
Cuando huí de casa, la única manera que se me ocurría, para cambiar una situación tan dolorosa, era acabar cuanto antes con esa vida que no podía enfrentar o aceptar como mía. Por eso, el suicidio era lo único que se me venía una y otra vez a la mente... En cambio, un rato después ¡Todo fue tan distinto...!
Sí…
A veces, hay que caer a lo más profundo o doloroso de una situación, para que cualquier movimiento o giro, aunque sea el más torpe, se produzca en el sentido contrario y puedas ver la puerta que antes quedaba fuera de tu enfoque... Ante la actuación y provocación de Laura, caí a lo más profundo del infierno en el que vivía desde hacía ya más de un año. Pero, gracias a ella, me di cuenta:
¡Había llegado al límite! Su decisión, me prestó la fuerza suficiente para salir, aunque fuera a la desesperada y vivo, de aquél sufrimiento.
Huir, tal vez, es un movimiento torpe, o, el menos indicado; pero, también es una opción posible para un cambio… (Porqué, si no, dicen que: “en la vida todo vale”) Y, ellas, (la vida y Laura) me pusieron en el brete de pensar solo en mí, en cómo salvarme, desesperadamente, de la situación…, ellas, unidas, confabuladas ¡cual ángeles míos! Abrieron la puerta de escape:
Y ¡porqué no!
Ante el fuego, como las bestias, corrí, corrí… Y, como ellas, huí instintivamente para salvarme.