Es tiempo de Otoño... Y La Serenidad Reyna en mi mundo.

Aquél fue un momento divino y sentí la guía interna que apuntaba que mi norte era el sur.
Bajar a la tierra y no excluirme de lo que todo ello representa para un ser en ella… Pero el momento angelical se fue difuminando y me fui eximiendo; de nuevo, incrédula y casi engañada de la propia "fantasía vivida".
Encontré tanto que no me gustaba que me angustiaba que… Que me autoconvencía de la no conexión, de las diferencias entre unos y otros hombres, que solo nos unía la semejanza del vivir para cada uno y el temor a lo otro. Sin importar nada más parecía que echáramos sobre otros eso que se provocaba dentro ¿Desde fuera, del vacío, de la insatisfacción esencial…?
Se echa todo fuera como si se escupiera a una piedra, incluso si esa piedra es muy hermosa para nosotros.
Pero el ser humano no es una piedra más, y lo que cae sobre él no se queda ni resbala en su superficie. Es algo que nos penetra y recorre por dentro, algo que destruye y mata nuestras preciadas células, pudiendo incluso corromper, arruinar y hacer decaer hasta el espíritu más vivo.
A veces, para estar un poco en paz, es muy necesario comprender que nuestro destino no es ser comprendidos siempre, ni por todos y, ni siquiera, por nosotros mismos. Que, el destino, es un misterio más de este lado del mundo.
Es irremediablemente milagroso y natural lo que compartimos…Compartimos el ser tu con el ser yo. Compartimos mi muerte y la tuya como una. Compartimos el amor y también el odio; salud y enfermedad, el cielo y el infierno… porque nos traspasamos y porque están dentro igualmente.
Compartimos el reconocimiento en cada mirada mutua, en todas y cada una de las palabras lanzadas y recibidas…
Y, compartimos la misma luz que sale de y sobre nosotros, o se pone tras nuestras sombras con la esperanza del amanecer seguro.
Es en ese amanecer cuando el hombre despierta al amor nuevamente… Y ama desnudo, cuando ya no es ni quiere ser nadie más o nada de lo representado, sin dejar por ello de respetarlo. Siendo solo el amante que ama, que es amado y es amor de sí sin exclusión.
apenas un susurro...